Tres décadas hace que prendió primero la Historia y luego una de sus técnicas "colaterales" la Arqueología. Desde entonces tantos paisajes, tantos lugares y en todos siempre un detalle, que nos deja un jirón de recuerdo. Por ello esta "arqueología colateral" aspira a recuperar retazos de aquellos viajes, estancias, personas, lugares que hemos surcado en pos de la labor cotidiana de la arena entre los dedos, la criba del hueso, de la astilla oxidada que un día clavo fue...

jueves, 15 de octubre de 2015

Villa hispanorromana de La Dehesa, Cuevas de Soria



La pasada primavera visitamos la villa romana de la Dehesa en el municipio de Cuevas de Soria. Tuvimos conocimiento del conjunto arqueológico por un tríptico en la oficina de turismo de Burgo de Osma, tríptico, por cierto, sin un mapa de situación y como luego nos comentaron en la propia villa, eran de un modelo que ya habían renovado incluyendo un mapa esquemático del emplazamiento del conjunto, a escasos 20 km. de la capital soriana. Accedimos desde el núcleo de Quintana Redonda donde un escueto indicador “Villa Tardorromana” nos encamina por un carril de unos 4 km. hasta la entrada del núcleo de Cuevas de Soria donde un nuevo indicador nos remite a 1 km. hacia la vega, donde se halla el conjunto arqueológico. Buen acceso y buen aparcamiento – detalle nada banal – puesto, como hemos repetido más de una vez, no solemos ir andando a los sitios que visitamos y en muchas ocasiones no se preveen los lugares o simplemente las indicaciones para un correcto estacionamiento.



Llegamos el día que se abría la temporada de la villa, de propiedad de la Excma. Diputación de Soria y gestionada por la empresa Soria Museum. El lugar se articula en una gran estructura envolvente que deja a cielo abierto el peristilo y cubre los restos de las estancias y áreas de circulación de la villa, describiendo un recorrido sobre pasarela en forma de U, desde su extremo este, pasando por las estancias absidadas de la cabecera de la pars urbana, para concluir en el extremo oeste, donde la pasarela desciende a la cota de los pavimentos de la villa. No obstante, la visita se inicia desde el sector sur de la villa donde se halla la sala de audiovisuales y el espacio museístico dedicado a la explicación del concepto de Magna Mater, que sirve de nombre e hilo conductor a las villas hispanorromanas de la actual provincia de Soria. Además de esta, se citan las pendientes de musealización de “Los Quintanares” de Riosaeco de Soria y “Los Villares” de Santervás del Burgo. En este espacio de museo, donde los paneles son protagonistas, se echa de menos alguna vitrina más de las dedicadas a los materiales arqueológicos recuperados, quedando el discurso ayuno de la cultura material que quedó depositada en las estancias que visitamos a continuación. Por cierto, la visita se inicia con la proyección de un video bien realizado y en el que intervienen especialistas sobre el tema, completado con una muy interesante infografía.



Sorprende la iniciativa de la Diputación de Soria de proteger un yacimiento que realmente no está terminado de excavar, por lo que podemos admirar parte de las estancias con los suelos de mosaico, mientras que otras, como el ala oeste y parte del sur permanecen cubiertas, quedando indicados el trazado de los muros mediante lineas de arena de color más claro. También es agradable (por lo inusual) la inmediatez de los “tajos a medias” o las zonas donde acaba cada una de las campañas de excavación y/o restauración y que quedan con los mosaicos antes y después de su limpieza. Creemos que estas áreas podrían ser señalizadas y ello contribuiría a relajar el tono de “aridez” que desprende el conjunto – ya que si bien los mosaicos son geométricos aunque muy variados y la amplitud de los muros queda bien marcada – tanto el peristilo, como las áreas sin excavar dotan al conjunto de un tono grisáceo que deberia ser atenuado con algo más de luz o apertura de claraboyas.



El conjunto visitable y más en una mañana luminosa, constituye un desplazamiento más que justificado. Hay que tener en cuenta que no todo el año permanece abierto y es aconsenjable consultar el espacio web http://www.villaromanaladehesa.es/. También es de reseñar las distintas actividades muy variadas que se desarrollan durante toda la temporada visitable. Y como ocurre en otros lugares, es imprescidible redactar y poner a la venta, una buena guía del conjunto de la villa. En suma una muy buena opción para conocer el poblamiento tardorromano del oriente de la Meseta Norte.

domingo, 11 de octubre de 2015

Fundación Museo del Vino (Valdepeñas, Ciudad Real)




Hace unos días hemos pasado la tade en Valdepeñas. Raro, pues por su cirvunvalación pasamos un par de veces al mes y casi siempre tomamos café en el Hotel del Hidalgo, pero no pasábamos una tarde desde hacía un par de décadas. Debíamos asistir a una presentación comercial y pensamos llegar un par de horas antes y visitar el Museo de la Fundación de Gregorio Prieto. A inicios de los años ochenta del pasado siglo tuvimos ocasión de conocer al insigne pintor manchego, cuando visitó el yacimiento arqueológico de El Cerro de la Encantada. Nunca hemos visitado su museo y nos atraía la idea. Pero la hora imperiosa se nos echó encima y acudimos a nuestra presentación directamente. Y, en la hora escasa que nos restaba, decidimos visitar el lugar en el que se encuadraba nuestra reunión, que no era ni más ni menos que el Museo del Vino. Un museo por otro.

Situado en la calle de la Princesa nº 39, la Fundacion Museo del Vino de Valdepeñas (http://www.museodelvinovaldepenas.es/). En el conjunto se ha integrado una bodega edificada a inicios del siglo XX y que perteneció a Leocadio Morales, de la que se conservan las crujías oeste y sur, además de parte del patio porticado que conformó una de las factorias agroalimentarias que fueron punteras en el despegue de la elaboración de vino en España y la superación de la grave crisis de la filoxera, que asoló la comarca hacia los años veinte. La crujía de la fachada norte se ha resuelto con una construcción de dos plantas que aloja la cafetería y tienda en la planta baja, biblioteca en la primera y sala de actos en la segunda. Esta crujía se apoya en un gigantesco paramento de mampostería caliza al estilo de las construcciones tradicionales de la zona. Al otro lado de esta pared se halla la crujía de acceso al museo y el lugar donde se han instalado las salas didácticas de nueva edificación, que sorprenden precisamente por eso, por su didáctica de un cultivo, que todos conocemos, pero del que la mayoría no somos capaces de discernir y ordenar los procesos y las fases de las que se compone. También nos sorprendierom gratamente , varios paneles firmados por Esteban, de una limpieza de líneas y riqueza de color ya poco usuales, de un estilo que guarda el sabor del último tercio del siglo XX y que ha sido barrido en aras del minimalismo que nos invade.

De vuelta al patio y tras pasar un par de salas dedicadas a la repercusión del vino en la literatura, así como de una completa enoteca de los vinos de la Denominación de Origen, podemos observar el muelle de descarga, el jaraíz o lagar y los chilancos -pozos donde se almacenaba el orujo resultante del prensado del fruto de la vid -. También destacamos la bodega y la cueva, ambas perfectamente conservadas con sus tinajas de 500 arrobas. El taller de tonelería y el laboratorio del viticulor son dos ambientes recreados con material original, que aportan un nota de nostalgia al tiempo que ya no volverá, y que aun conocimos los que ya hemos doblado la bisagra del medio siglo. Entre las piezas expuestas destacan dos prensas de husillos de madera, bastante antiguos y en buen estado y no podemos dejar de mencionar la exposición “Vendimia. 1959” realizada por el fotógrafo Harry Gordón y que constituye un verdadero documento de la Valdepeñas de aquel tiempo. En el patio se completa la exposición con diversos ejemplos de material rodante, carros y galeras para el transporte de los caldos, además de haber mantenido elementos esenciales de la bodega, como son el pozo y la báscula y la pavimentación de losas de piedra caliza, que delimitan distintos espacios de este patio.

En definitiva un museo bien cimentado en la tradición y en los magníficos fondos expuestos y con un discurso actual que nos muestra las líneas básicas de conocimiento necesarias para, al menos, al salir del museo, distinguir categorías de vino y proceso de elaboración. Sorpresa manchega que nos expone de una manera magnífica, el pasado de una industria agroalimentaria esencial en la economía de la España contemporánea.

    sábado, 5 de abril de 2014

    El Arqueológico



    En mayo de 1978 pisé por primera vez el Museo Arqueológico Nacional de Madrid. Aún conservo las notas que tomé y los dibujos esquemáticos a rotulador negro de las armas que atesoraba el museo en sus vitrinas. Aún distaba de saber que aquellas vasijas, piedras, espadas, capiteles... me atraparían para toda la vida.

    En aquel tiempo, en el curso de 3º de B.U.P. del Colegio de Santa María del Pilar, y en la clase de "letras puras" aprendíamos latín y griego con D. Jose Luís Navarro González, alumno de Adrados y doctor en filología clásica con una tesis sobre el teatro de la Grecia Antigua. Por ello nos embarcó a todos en preparar Edipo Rey para representar a final de curso. A mi, quizás por ser de los más bajitos de la clase, me asignaron el papel de Tyresias, el ciego adivino que pronostica el terrible porvenir del monarca heleno. Durante unos meses no me corté el pelo y en las representaciones me  enfundé en un caftán morado de bajo asimétrico que me prestó mi prima Reyes y empuñé una caña que encontré unos años antes en la desembocadura del Guadalquivir. Don Jose Luís nos mandó un trabajo de curso sobre culturas antiguas y no recuerdo como, quizás aconsejado por él, flanqueé un día la puerta giratoria de color verde oscuro, que guardaban las dos esfinges aladas de bronce, que tantas veces me verían recorrer ese mismo camino  en la década siguiente.

    El día 31 de marzo de este año de 2014 tuvo lugar la ceremonia de apertura del Museo Arqueológico Nacional, tras más de un quinquenio de labores que nos han brindado un museo renovado en la forma, pero esencial en su contenido. Además nos hizo especial ilusión la convocatoria a todos los profesionales de la Arqueología, que quizás en número superior al millar, acudimos a la visita que tuvimos ocasión de realizar en la tarde de ese día 31. Nunca mejor dicho fue un viaje al pasado, pues en cualquier rincón de las concurridas salas nos sorprendía una sonrisa, junto a un abrazo o un par de besos de colegas de la universidad, otros museos, o como en nuestro caso de la Arqueología Preventiva que desarrollamos ya desde hace casi tres décadas.

    En definitiva una fiesta de la Arqueología española, una fiesta de los arqueólogos en ejercicio, de los profesores, de los futuros profesionales, en definitiva de todos aquellos en los que "el arqueológico" han jugado un papel determinante en su formación. En fechas posteriores tendremos ocasión de contar, sección a sección, el contenido del museo, del que nuestra primera impresión fue poco menos que inmejorable... las renovadas y seguramente acrecentadas en el programa expositivo de las secciones Medieval y Moderna, los recursos didácticos de la Prehistoria, la colección de vasos griegos en todo su esplendor, la nueva instalación del monumento turriforme de Pozo Moro, junto al que tuvimos ocasión de saludar a su descubridor... Repito, una fiesta en la que, por una vez, volver la vista atrás fue una inmensa alegría.


    jueves, 6 de marzo de 2014

    Un nuevo libro del profesor Alfredo Alvar Ezquerra




    Nos complace transcribir la noticia que hemos recibido de la próxima publicación del último libro del profesor Dr. Alfredo Alvar Ezquerra, presidente del Instituto de Estudios Madrileños: 

    "Enseñar, leer y escribir en Madrid en tiempos de Felipe II. La nueva monografía del Dr. Alfredo Alvar, producto del proyecto de investigación del PN de I+D+i que dirige en el CSIC y que se titula “La escritura del recuerdo en primera persona: diarios, memorias y correspondencias de reyes, embajadores y cronistas” es la primera biografía que se hace sobre el corógrafo, humanista local y maestro de Cervantes que fue López de Hoyos. En casi 500 páginas (con ilustraciones y aparato crítico), hace un recorrido sobre el Humanismo, cómo se forjaba un maestro en el siglo XVI (en especial referencia al Estudio de la Villa de Madrid), qué era un curador de almas en esa época, cuáles las ambiciones historiográficas en que se formó, para desarrollar después la vida de Juan López de Hoyos desde que se conserva documentación, hasta su testamento, codicilos, inventario de sus bienes (incluida la biblioteca), o la almoneda: documentación procedente de Archivo de la Compañía de Jesús (Roma), Biblioteca Vaticana, Archivo de Villa, Protocolos, San Andrés, Simancas, Histórico Nacional, etc., etc. 
    Se trata de una obra esencial –en la que equilibra magistralmente la divulgación científica y la investigación académica- para entender los cambios habidos en aquella fascinante época que fue la del Humanismo Tardío. Los interrogantes que se plantean sobre los modelos de educación son plenamente actuales.

    Sale a la venta, por 23 euros, el 11 de marzo. Es el regalo ideal para el Día del Padre. Se firman autógrafos."


    Referencia bibliográfica

    Alfredo ALVAR EZQUERRA: Un maestro en tiempos de Felipe II. Juan López de Hoyos y la enseñanza humanista en el siglo XVI. La Esfera de los Libros, 2014, 462 pp. ISBN 9 788490 600535.


    Síntesis biográfica del autor

    Alfredo Alvar Ezquerra (Granada, 1960), doctor en Historia por la UCM, es especialista de una etapa crucial de nuestra historia, los Siglos de Oro. Ha publicado decenas de artículos y libros sobre los personajes más notables y las gentes más menudas de los siglos XVI al XVIII, desde Isabel I la Católica a Cervantes, de Juan Sebastián Elcano al duque de Lerma o la emperatriz Isabel (estos últimos en La Esfera de los Libros).

    Desarrolla su trabajo como profesor de investigación en el Instituto de Historia del CSIC. En la actualidad es académico correspondiente de la Real Academia de la Historia y presidente del Instituto de Estudios Madrileños.

    Las grandes líneas de su investigación han sido la historia de la Corte y del Madrid de los siglos XVI y XVII, el humanismo y la historiografía real castellana, esto es, la historia social de la cultura del Renacimiento final.



    miércoles, 25 de diciembre de 2013

    Córdoba, tendiendo puentes




    Siempre hemos de volver a Córdoba y cruzar sus puentes. Esta mañana,cuando salíamos del garaje del hotel, he recordado que la calle de la Feria era en otros tiempos una de la más "anchas" de la Córdoba de los califas. Hace un par de décadas las calles eran las mismas, pero nuestro automóvil era "lo menos que se despachaba" por entonces. Hoy día, hemos de cuidarnos en que dirección circulamos o corremos el riesgo de dejar nuestra "firma" en las angostas vías de la judería cordobesa. Y al final de la calle de la Feria nos hemos dado el gusto de cruzar el puente, tenido dos milenios entre la vega y la ciudad, entre los olivos y las almazaras...

    En este viaje hemos estado muy cerca de Plaza Gonzalo de Ayora, donde tuvimos ocasión de dirigir la excavación arqueológica en el solar de su número siete, con cinco mil metros cúbicos salpicados desde cerámicas campanieneses del siglo I a.C. hasta los brocales de los pozos del XII d.C., pasando por casas almohades, califales e hispanorromanas, en las que por cierto quedaron restos de un par de mosaicos que hoy duermen en el depósito del Museo Arqueológico Provincial. Pero en esta ocasión no hemos vuelto a Córdoba por el patrimonio arqueológico que la ciudad atesora, sino para asistir al I Congreso Internacional del Aceite de Oliva Virgen Extra, que ha tenido como marco el magnífico salón de actos de la Excma. Diputación Provincial, muy cerca de la citada Plaza Gonzalo de Ayora.

    En dos intensos e inolvidables días hemos podido vivir la experiencia de la "puesta de largo" de la Asociación Internacional QvExtra!. El grupo de productores del Aceite de Oliva Virgen Extra que pretende simplemente que cuando abramos una botella de este auténtico zumo de aceituna, exclamemos ¡Que Virgen Extra!. Detrás de esta espontánea exclamación se parapeta un siglo de evolución de la tecnología oleícola hacia la actual excelencia y un par de décadas de perfeccionamiento de la olivicultura que ha situado en primera línea el cultivo, la selección, la molturación y la difusión de los mejores aceites de oliva Virgen Extra del mundo. 

    Hace un cuarto de siglo, cuando los coches eran pequeños y las calles cordobesas las mismas que ahora yo vivía en Almedinilla, en la Subbética en pleno palimpsesto cultivado, parafraseando a Jose Ramón Guzmán Álvarez, en donde en el interior de las almazaras vagaba un vapor áspero procedente de la prensa de los capachos de esparto de los que manaba el hilillo del aceite caliente y oscuro. Solo una de las cooperativas - Olibrácana – contaba ya con batidoras, decantadores y centrifugas. Allí volví al consumo habitual de Aceite de Oliva Virgen, en la época en que había sido erradicado bajo prescripción médica por la diverticulosis intestinal que padecía mi padre....aunque a mí, Almedinilla, además de darme otras muchas cosas que algún día relataré, me reconcilió con el aceite de oliva.

    Quince años después también fue un puente el que unió a los que firmamos estas líneas, aunque hoy sea yo, Pepe, el que cuente sus recuerdos. A raíz de compartir un proyecto de investigación arqueológica en el Puente de Murel (Guadalajara) nos conocimos y menos de dos años después entré a formar parte de la familia que desde hace siglo y medio cultiva y selecciona aceitunas de las campiñas del sur de la provincia de Cuenca y las moltura en la almazara familiar en la que también confian casi cinco mil olivicultores de la Mancha conquense. Aceites Almenara es hoy una de las marcas de Aceite de Oliva Virgen Extra (AOVE) de las casi cuatro decenas de productores que se agrupan en QvExtra!, que nos había convocado en Córdoba con el objetivo “ de la promoción internacinal del AOVE, como elemento integrador de la dieta mediterránea” bajo las premisas del AOVE como garantía de calidad, AOVE y salud y compromiso con el consumidor.

    Únicamente nos resta agradecer a Soledad, Pilar, Álvaro y Manuel - cabezas y motores de esta aventura ya consolidada - el habernos proporcionado estas jornadas en el marco inigualable de la ciudad que lleva más de dos milenios tendiendo puentes.

    domingo, 16 de junio de 2013

    Úbeda




    Cuando se ha doblado la bisagra del medio siglo, quedan menos paisajes inéditos y el viaje nos desembarca en lugares atesorados en décadas previas. Ayer volvimos a Úbeda desde la Carolina. La estribación sur de la Sierra Morena troca encina por olivo y desde la cornisa de Vilches el valle del Guadalimar se alfombra de pardos pies coronados de verde mate. En la cota inferior, el río retenido en embalse espejea en la tórrida tarde de junio.

    Al inicio de la Corredera de San Fernando varios taxistas conversan fuera de sus vehículos. Nos indican amablemente como aproximarnos, evitando el dédalo peatonal, al hotel María de Molina, en la plaza del Ayuntamiento. Cuando llegamos descubrimos que pared con pared del hotel, la legendaria estirpe alfarera ubetense de los “Titos”, tienen abierto un verdadero santuario de cerámica vidriada con el verde intenso, sello de identidad de la casa. El fundador, Juan Martínez Villacañas “Tito”, es uno de los alfareros que destacan en la segunda mitad del siglo XX, junto con Punter en Teruel, Sanguino en Toledo, Pedro Mercedes en Cuenca, Ruiz de Luna en Talavera, Lario en Lorca y Mezquita en Andújar. Alfareros con nombre y apellidos, que con mayor o menor continuidad y en ocasiones acierto, mantienen una artesanía adaptada a un presente más decorativo que utilitario.

    Pero volvemos a las calles de Úbeda, a la misma Corredera de San Fernando, donde ahora andando, llegamos al Centro de Interpretación Olivar y Aceite de la Comarca de la Loma de Úbeda. Allí asistimos a la presentación del libro ““El Sector de Elaboración de Aceite de Oliva: un Estudio Multidisciplinar” a cargo del Centro Internacional de Excelencia para Aceite de Oliva de GEA Westfalia Separator Ibérica, S.A. y la Asociación Olivar y Aceite Comarca de La Loma. Desde inicios del presente 2013 estamos desarrollando un proyecto de dinamizacion y didáctica para el Museo del Aceite de Puebla de Almenara (Cuenca) y la convocatoria era ineludible para nosotros, ya que no es frecuente la publicación de textos donde se aúnan artículos sobre oleocultura y actualidad almazarera, con otros que recuperan el pasado de las explotaciones e industrias de la Andalucía de siglos recientes.

    Presentó el acto D. José Luis Romera Vizcaíno, presidente de la mencionada asociación ubetense, quien cedió la palabra a D. Juan Vilar Hernández, Consejero Delegado de GEA Westfalia Separator Ibérica, S.A. y a D. Rafael Cárdenas García, Director General del Centro Internacional de Excelencia para Aceite de Oliva, integrado en la anterior firma. Nos sorprendió y agradó considerablemente la apuesta por la excelencia y el conocimiento que impulsa GEA, ya que además de ser una de las mayores empresas en maquinaria para la extracción del zumo de la aceituna a nivel global, también dedica parte de tiempo y recursos en propiciar proyectos de investigación y publicaciones como la que se presenta en el evento. A continuación, nos resultaron muy interesantes y esclarecedoras las palabras de los profesores D. Manuel Moya Vilar y D. Vicente Gallego Simón, de las universidades de Jaén e Internacional de Andalucía, una de cuyas sedes se halla en la cercana Baeza. Concluyo el acto el Dr. D. Manuel Parras Rosa, Rector Magnifico de la Universidad de Jaén que en una acertada alocución esbozó el panorama actual de la oleocultura andaluza en una tierra global, donde casi medio centenar de paises son ya productores de aceite de oliva.

    Tras la visita al Centro de Interpretación, de reciente apertura en la antigua “Casa de la Tercia”, espacio de mas de un millar de metros cuadrados, recuperado a la entrada del casco histórico de la ciudad declara Patrimonio Cultural de la Humanidad, tuvimos ocasión de asistir a un vino español ofrecido por nuestros anfitriones. En este momento, que se desarrolló en el patio donde se exponen aperos y maquinaria relacionadas con la oleocultura histórica, pudimos departir amigablemente con D. José Luis Romera Vizcaíno,  verdadero impulsor de esta iniciativa que tiene visos de convertirse en referencia fundamental del oleoturismo y necesario ámbito de estudio, reflexión y debate sobre este fundamental sector de la economía andaluza. Tambien saludamos a la gerente del centro de interpretacion, Dña. Soledad Román Herrera a quien felicitamos por el inicio de la andadura del proyecto, asi como por la esplendida realidad del mismo, espejo en el que habran de mirarse futuras iniciativas similares.

    Ya en las calles del interior de la Úbeda amurallada volvimos a quedar sobrecogidos por la sinfonía de la caliza cuadriculada en ocres sillares, Renacimiento del norte de Sierra Morena, acrisolado con los mejores maestros y alarifes del Reino de Jaén. Pero no solo el espectáculo de la luz y la sombra de las cornisas, de las rejas, de los balcones, de los parteluces, sino del reverbero de la cal en las calles estrechas en contraposición a la umbría intuida en los rincones más alejados, donde aleros, portones y postigos ventaneros, trazan las líneas de fuga de una perspectiva forjada en medio milenio.

    A la mañana siguiente hemos de partir rápidos, apenas detenernos para admirar como los centenarios olivos llegan casi a los pies de la muralla, como un pacífico ejército de inmóviles soldados. Debemos volver a Puebla de Almenara, pues tenemos una importante reunión enmarcada en el proyecto didáctico y museográfico. No obstante volvemos por otro camino... Sabiote, Navas de San Juan, Arquillos y de nuevo la cornisa de Vilches, viajando en un verdadero túnel verde que apenas deja una línea de cielo azul sobre nuestras cabezas. Creemos que este es el primer retorno, de una larga serie, a una tierra de la que tenemos aún mucho que aprender.



    lunes, 1 de abril de 2013

    Segunda epístola a Jorge Bustos


    Un signo más del tiempo de mudanza en el que vivimos es la evaporización de la crónica diaria de Jorge Bustos. Empresarios que no llegan a fin de mes escamotean el sueldo a sus trabajadores y además pretenden que todo continúe igual. La ausencia de la crónica prácticamente ha coincidido con la suspensión de nuestra suscripción al diario por un cambio de domiciliación de cuenta bancaria, al parecer no admitida por las rígidas normas de la administración gaceteril. Y no lo siento, pues no podemos apoyar a quienes quizás se estén alejando del ideario que proclaman y que compartíamos.

    Ya expresamos en una primera epístola en esta misma tribuna nuestro afecto literario por un escritor que además de joven, posee no solo una sólida formación, sino una expresión poco usual en estos tiempos, ya que igual nos sumerge en su día a día o nos eleva a los cielos de Bernini y Borromini. Ambos ejercicios resueltos con el mismo interés para el lector, que al fin y a la postre anda ávido de buena literatura contemporánea y ha de desbrozar la jungla de juntaletras criminógrafos, historiógrafos, hagíografos, pornógrafos y demás sacamantecas de lo negro sobre blanco.

    Sirva pues esta segunda misiva como nota de ánimo a una persona que sinceramente no creemos que merezca el cáliz que tiene delante en la actualidad. No se si comentamos anteriormente que precisamente fue Jorge Bustos quien nos abrió, indirectamente, las puertas de las hoy denominadas “redes sociales”. Deseosos de conocer otros textos del escritor y al reclamo del escueto “@jorgebustos1” colofón a sus crónicas, nos decidimos a adentrarnos en Twitter, tras a nuestra vez haber evitado cuidadosamente el Facebook, tan superficial y el Tuenti, en el que nuestros sobrinos han reinado a razón de sus pocos años y sus muchos amigos. Ahora, más de medio centenar de personas se han interesado en algún momento por la crónica de nuestros desvelos con el Patrimonio Histórico y sobre todo con los clientes que no pagan a @castrvm, además de intercambiar algunos saludos con el propio Sr. Bustos, quien atentamente responde a un humilde lector.

    Ha sido a través de estas redes sociales donde hemos conocido el trance que vive. Ayer nos alegramos con el torrente de ciber-seguidores que expresaban su alegría por los nuevos horizontes que van abriéndose. También a través de esta red conocemos los textos que publica en otros ciber-magazines a los que ya nos vamos aficionando. No obstante lamentamos de igual manera que al parecer también “han evaporado” el magnífico programa radiofónico “Albertos hasta el amanecer” conducido por otro joven de valía, Alberto Lardíes.

    Desde hace treinta años, los mismos que atesora Jorge Bustos, asistimos a la caída en picado del conocimiento y al ascenso de la información. Esta misma información es la que ahora permite que conozcan este texto al instante que termino de escribirlo, pero no olvidemos nunca que la información es el medio y el conocimiento es el fin. Cansados de banalidad, cada día nos alejamos más de la cinematografía donde impera la misma industria que en la literatura contemporánea, donde se nos impone tanta basura, que encontrar un buen libro o una buena película es ya una tarea encomendada a nuestro olfato de “hemisecular”. Por cierto, también fue en las redes sociales donde tuve ocasión de conocer a alguien que sabe mucho de literatura basura, Gonzalo Garrido, y a cuya ópera prima dedicamos también en su día un par de textos.

    En síntesis y para concluir, ánimo Sr. Bustos, que el tiempo y el toro pone a cada uno en su sitio. El toro lo hace de inmediato. El tiempo se toma a si mismo, a veces más de lo que desearíamos, pero con la perspectiva de unos años, al menos a nosotros, siempre nos queda la sensación que no hemos engrosado nuestras cuentas bancarias aunque seguimos siendo felices.

    jueves, 28 de febrero de 2013

    La telegrafía óptica en España. Las torres del Ramal de Cuenca



    La Torre de Abia de la Obispalía, hace una década

    La telegrafía óptica en España de desarrolló hacia mediados del siglo XIX, con antecedentes en otros lugares, Francia y Gran Bretaña principalmente. Nacida para usos militares, realmente no tuvo una amplia implantación Y aquí en España además fue empleada para las comunicaciones de la Casa Real. Precisamente la línea Tarancón - Cuenca de la que nos ocupamos en las líneas que siguen fue instalada para comunicar entre la corte y el Duque de Riansares, marido de la Reina Madre y que, conquense, pasaba temporadas en la provincia. 

    La permanencia del servicio en todas las líneas fue de diez años, frente al medio centenar de años en Francia. El nacimiento oficial de la telegrafía eléctrica, que sustituyó a la óptica, fue en 1855, perdurando hasta 1857, momento en el que se abandonan las últimas torres, aunque en Francia ya se había evolucionado hacia la eléctrica. En España tuvo intentos anteriores, prácticamente desde finales del siglo XVIII por parte de Betancurt, Hurtado, Lereña y Santa Cruz. No obstante, el impulso definitivo de la puesta en marcha de las líneas se produjo durante los gobiernos del general Narvaez (mayo 1844 a abril 1846 y octubre de 1847 a enero de 1851) siendo su creador y mantenedor Jose María Mathé Aragua. 

    La primera línea que se establece es la de Madrid - Irún, siendo la segunda la que unía Madrid y Valencia El sistema se basaba en la existencia de una serie de torres en las que se colocaba un dispositivo de señales óptica en su parte superior. En cada una residía un torrero que trasmitía, mediante un código cifrado, los mensajes que recibía hasta la siguiente torre. Cada torre se concebía como un verdadero fortín, ya que en el momento se vivía bastante inseguridad, así como estar situadas muchas en lugares desolados e inhóspitos. Sirva de ejemplo el incendio en 1854 de la torre de Valverde de Júcar, nº 16 de la línea de Barcelona. La separación entre las mismas era entre 2 y 3 leguas. 

    La tercera línea que se establece es la de Madrid a San Fernando, con 59 torres y que se termina en 1853, aunque el tramo de Madrid - Puertollano ya existía desde 1850. La primera línea Madrid - Irún o línea de Castilla tenía 52 torres y funcionaba desde octubre de 1846. La proyectada línea hacia Barcelona solo función plenamente hasta Valencia con un total de 30 torres y entra en funcionamiento a finales de 1849. Partiendo de esta línea de Valencia se construye el ramal de Cuenca, en 1850, con 8 torres: 

    - La Mendoza, cabecera de línea - Val de Gonzalo en Villanueva de los Escuderos 

    - Collado Rubio en Abia de la Obispalía - Cabeza Quemada en Abia de la Obispalía 

    - Horcajada de la Torre - Torrejoncillo - Carrascosa del Campo - Sierra del Pavo en 

    Uclés y Tarancón, torre 10 de la línea de Valencia. 

    En 1855 se suprime el ramal y se abandonan las torres, aunque anteriormente se pensó acortar el ramal de Cuenca enlazando con la torre nº 15 o 16 de la línea general, pero el avance de la telegrafía eléctrica no propició esta reforma. 

    OLIVE ROIG, S. (1990): Historia de la Telegraña Optica en España. Ministerio de Transporte, Turismo y comunicaciones. Madrid. 101 pág. 

    domingo, 6 de enero de 2013

    Abila, Calpe, Marbella



    No, no hemos errado al escribir el nombre de la castellana ciudad amurallada, ni citamos a la villa que acoge al conocido Peñón de Ifach alicantino. Estamos más al sur, en el amplio seno que describe la embocadura norte del Estrecho en su vertiente Mediterránea. Si, en Marbella. Se nos desvela la villa hace ahora algo más de una década, cuando se unen los destinos de los que esto escriben y comienzan las visitas de una forma más regular, un par de veces al año. En los tiempos de la odisea andaluza habíamos pasado alguna vez por aquí, pero solamente habíamos visitado los restos de la villa hispanorromana  de San Pedro de Alcántara. Aún hoy cuando decimos que vamos a pasar unos días en Marbella, nuestras palabras son acogidas con un rictus que denota una mezcla de desprecio y de envidia. Naturalmente ninguno de nuestros interlocutores ha estado en Marbella recientemente y seguramente ni conoce la ciudad. Y es que la leyenda, como en las villas del lejano Oeste norteamericano, apareja un sinfín de tópicos y lugares comunes. Naturalmente que circulan maseratis, ferraris y bentleys por sus calles, pero la Marbella de las urbanizaciones, de los clubs selectos y en definitiva de mucho más de leyenda que de realidad no es la Marbella que vivimos y disfrutamos un par de veces al año. 
    Para empezar Marbella tiene uno de los mejores paseos marítimos que conocemos, sino el mejor. Partiendo del Puerto Deportivo, tan bien integrado en la propia estructura de la ciudad, podemos pasear hacia poniente o levante. En el primero de los sentidos discurriremos entre restaurantes, algunos bares, el faro, además de tiendas y un complejo de ocio en el que destacan los cines. Más adelante llegamos a un puente sobre un arroyo que desagua en el mar y que una vez traspasado podemos seguir caminando sobre un cuidado albero, entre el mar y los jardines de las villas que se sitúan en este punto del  término. Si escogemos caminar hacia levante, en dirección a  Málaga, podemos disfrutar de un entorno mucho más tranquilo, salpicado solo por unos cuantos chiringuitos muy remodelados, hasta llegar a las inmediaciones del Puerto de Pescadores y su barriada anexa, donde por cierto existe un precioso mural, como no podía ser de otra forma, de la Virgen del Carmen.
    Pero no todo es mar, sino que podemos dividir nuestros pasos entre la calle Ricardo Soriano y aledaños, de interesantes comercios y el casco histórico, que resume la esencia de la Marbella que fue en su día. Hace mas de la década que visitamos la villa escribimos unas páginas sobre la historia marbellí, porque ya entonces nos había llamado la atención la escasez de textos bien sistematizados sobre este interesante tema. Hoy día seguimos prácticamente igual, pues aunque la literatura de carácter local se ha visto incrementada, no existe un texto que articule de una manera científica el pasado de estos paisajes.  El viajero puede desde conocer los restos de una de las murallas de más interés de estas tierras, hasta las casas de hermandad de las distintas cofradías que tienen su sede en el casco histórico – Nazareno, La Pollinica, Cristo del Amor -, pasando por la majestuosa iglesia de Nuestra Señora de la Encarnación. No podemos olvidar los edificios civiles de la Plaza de los Naranjos, cuales son el propio Ayuntamiento y la Casa del Gobernador, así como el propio conjunto urbano donde destacan edificios como la sede del actual Museo del Grabado, y la casa -  palacio cercano y en proceso de restauración y el antiguo Hospital de San Juan, sede hoy también de dependencias municipales. Como colofón a esta visita hemos de ascender por la calle Ancha, espléndido ejemplo de ensanche dieciochesco, entre cuidados hoteles, tiendas y restaurantes hasta la plaza de San Francisco y llegar hasta la iglesia epónima, en estos días también bajo obras de rehabilitación. Un centro histórico muy vivo, muy visitado y mantiene unas señas de identidad – entre la conservación y la adaptación – que lo hacen muy atractivo y recomendable en su visita. 
    Un lugar para el descanso, o incluso para planear visitas al entorno inmediato, entre Tarifa y Málaga capital, en la costa y hasta Ronda e incluso Antequera, hacia el interior, gracias a la nueva autopista AP-46 que nos acerca a esta última villa y a su magnífico y singular conjunto megalítico. Y precisamente en uno de los paseos que el descanso que estos días pasados nos ha deparado, captamos la imagen que encabeza estas líneas. Las Columnas de Hércules, Abila  y Calpe, el finis terrae y puerta del Mediterráneo, recortadas en un día de especial visibilidad. Sin duda un espectáculo que nos retrotrae a otras épocas míticas de nuestra historia, de los días en los que las naves de oriente surcaban estas costas y en la que los habitantes de aquel Tarteso primigenio, ya comerciaban con las mercaderías llegadas tras muchas jornadas de navegación. Costas de entonces, Marbella de hoy, a la que siempre volvemos con una sonrisa en los labios. 

    martes, 1 de enero de 2013

    Ronda, cuarenta años después.




    Confesar que en cuarenta años no se ha pisado Ronda, es un ejercicio de humildad muy aconsejable para empezar un año nuevo. En la etapa noventera y andaluza de la que algún día rendiré cuenta en estas páginas, recuerdo haber atravesado la ciudad camino de Algeciras, tanto en tren como en automóvil, pero ni siquiera un alto para un café. Imperdonable.

    Hace más de cuarenta años estuve en Ronda en un viaje de Fiat Seiscientos y densa niebla, lo más aconsejable para encarar el medio centenar de kilómetros que separan la villa de la costa de Málaga. Mi padre siempre contaba como nos adelantó un Mercedes y que con la camaradería ya perdida, que reinaba en las carreteras de aquellos tiempos, el conductor se ofreció a guiar a esta familia pedida en la niebla. Los faros del coche precedente fueron aquel día las retinas del pequeño utilitario, que a pesar de llevar las bombillas de color amarillo, según la normativa francesa obligatoria en Marruecos – donde residíamos y matriculamos el seiscientos - no eran suficientes para rasgar la espesa cortina. Solo recuerdo entre el manto blanco y espeso a una pareja de guardias civiles a caballo, uno de los equinos tan albo que apenas se distinguía morro, ojos y cascos del entorno. Embozados en sus capotes los guardias volvían a Ronda, pues nosotros además viajábamos hacia la costa, como muy bien me recordó mi madre cuando hablé con ella desde el restaurante antes de iniciar el regreso a Marbella, con aquel viaje aún presente. Literalmente me dijo,” cuidado que los precipicios quedan a la derecha según salís de Ronda”, y eso sin “gepeeses”  sino con la impronta que deja el miedo aún décadas después.

    Hace unos días el clima era espléndido y según se asciende de San Pedro de Alcántara, se advierte que la carretera es ancha y bien señalizada. Además hasta los motoristas respetan los espacios vedados al adelantamiento, aunque una vez realizado aquel con todas las garantías de éxito se entreguen a la orgia de curvas y velocidad, que la verdad debe ser muy gratificante, para el que le guste. Una vez alcanzada las máximas cotas de la sierra, nos adentramos en unos kilómetros más o menos llanos, hasta que divisamos la mancha blanca de Ronda, en un extremo del valle y al borde del tajo, como si quisiera despegar de la campiña verde. La villa debe ser de las pocas que aún presenta obras en sus carreteras de acceso y recibe al visitante con un par de rotondas aún en mantillas. Una vez atravesado un ensanche, típico producto “mediados del siglo XX” llegamos al inicio de una avenida, donde ¡Oh grata sorpresa¡, se nos aparece un aparcamiento subterráneo, que una vez franqueado, además resulta ser amplio, nuevo y como comprobamos casi cinco horas más tarde, con un precio realmente competitivo. Definitivamente nos da la sensación que en Ronda saben hacer bien las cosas y no nos reciben como en otros lugares (que creo ya hemos reseñado en estas páginas) donde lo único que ofrecen es un descampado casi en las afueras. Y luego quieren recibir turismo !!!.

    Iniciamos el descenso por la Carrera Espinel por pura orientación intuitiva, buscando la parte antigua. Esta calle concentra buena parte del comercio de la villa, siendo un verdadero centro comercial lineal y muy agradable, eficaz alternativa al modelo de lugar de compras tan anodino, repetido y vulgar que tanto se ha prodigado en esta nefasta década inicial del presente siglo. Podemos admirar algunas tiendas alojadas en magníficos ejemplos de casas señoriales del siglo XIX, aunque la mayoría de este tipo de viviendas ya han desparecido de la calle. Al fin aparece la silueta emblemática de la Maestranza, a la que nos dirigimos atolondrados en una suerte de peregrinación laica. Y en tropel hasta el ruedo, arropados por los burladeros pintados de un gris antiguo y por las decenas de columnas toscanas que nos abrazan… Y los dos museos, impecables. Nos detenemos más en la armería y la guarnicionería, siempre interesante admirar las sillas de montar orientales e incluso las de amazona, incomprensibles en su uso para profanos. En el picadero están dando cuerda a un magnífico ejemplar tordo que al resoplar parece que va a levantar la cubierta del amplio recinto… Otro, sin embargo, dormita al sol en un corral anexo y apenas levanta la cabeza cuando le chistamos desde el  piso superior que permite ver corrales, chiqueros y parte del desolladero.

    Aranjuez, Sevilla, Ronda… son hitos de la arquitectura taurómaca dieciochesca y como tal admiramos estos cosos que tantas tardes de gloria han brindado en un cuarto de milenio. Y de ahí  por el Puente Nuevo – con un preceptivo alto previo en la oficina de información turística y rescatar el mapa de la ciudad de las manos de la amable señorita, que intenta, como en todas las oficinas de turismo, señalar con un bolígrafo Bic donde estamos – hacia el casco antiguo. Se nos desvela limpio, ordenado, claro en su comprensión, entre muralla a oriente, calle principal y pequeño barrio al occidente del amplio espacio que delimitan Ayuntamiento y Colegiata. Además descubrimos a medio camino el alminar de la antigua iglesia de San Sebastián, pequeña joya de los últimos tiempos de la arquitectura islámica rondeña. Tras pasar por alguna tienda de cerámica – aquí aún se mantienen un par de ellas porque no ha desembarcado el grueso del modelo de tienda de recuerdos globalizada, perceptible desde Santiago a Cartagena, pasando como no por Toledo – accedemos a la Colegiata.

    El edificio sorprende en su exterior, con la torre mudéjar, la balconada recayente a la plaza, los paramentos del crucero al exterior que quedan sin concluir y cuyo espacio cierran un par de portadas, renacentistas donde las halla. Nos acaban endilgando la audioguía, aunque logramos que solo nos den una, para aminorar el peso en la visita, de cuatro euros la entrada. Detrás de nosotros, un par de parejas de nuestra edad declina el acceso al conocer la tarifa… y pensamos que así no podemos edificar una sociedad del ocio en este siglo XXI. Nos sorprende, en el mismo lugar de acceso los restos del arco del mirhab de la mezquita sobre la que se edifica el templo tardogótico en sus pies y renacentista en su cabecera. Interrogamos sobre la posibilidad de obtener alguna fotografía y somos casi obligados a realizarlas, lo que nos sigue reafirmando en la idea que en Ronda, en cuestión turística, saben hacer las cosas. Del interior sorprende como resuelven crucero y altar del templo renacentista, definiendo un espacio de seis bóvedas que parten de dos espectaculares columnas de capiteles y molduras, también espectaculares. Audacia renacentista no siempre bien ponderada, frente a la artesanía localista y repetitiva del románico-gótico. Y es que, hasta en historia de la arquitectura, las ideas innovadoras del renacimiento – barroco, han sido desechadas por el análisis impuesto por el nefasto siglo XIX, del que casi todos siguen aún cautivos.

    Y de la Colegiata a comer, estupendamente y a muy buen precio. Después hacia las murallas y por el Puente Viejo y la puerta de Felipe V, a desandar el camino hacia el aparcamiento, pasando por algunas de las escasas parroquias que tiene la villa – Nuestro Padre Jesús y Santa Cecilia – y después de admirar el original templete de la Virgen de los Dolores. En suma una corta jornada en Ronda, que merece pernoctar en alguno de los pequeños hotelitos que salen al paso del viajero, entre las cuidadas calles de otra urbe castellana al sur del sur.

    jueves, 20 de septiembre de 2012

    Novedad editorial: La Emperatriz de Alfredo Alvar Ezquerra


    Acabamos de recibir la noticia de la publicación de un nuevo libro de nuestro presidente del Instituto de Estudios Madrileños, Dr. Alfredo Alvar Ezquerra, bajo el título “La emperatriz. Isabel y Carlos V, amor y gobierno en la corte española del Renacimiento”. Transcribimos literalmente el texto recibido:

    “Cuentan que el 1 de mayo de 1539, cuando murió la emperatriz Isabel, con apenas treinta y seis años, no había forma de separar de su cuerpo a su viudo Carlos V, y que este cayó en tal depresión que tuvo que retirarse al monasterio jerónimo de La Sisla. El emperador nunca volvió a casarse, ni superó su muerte.

    Pero Isabel no fue solo su amada esposa y madre del futuro rey Felipe II, fue también la gobernadora de España en las largas ausencias de su marido por los reinos de Europa. Gracias a su saber hacer y a su buen tino con las cortes de Castilla y Aragón, o con los más altos dignatarios palatinos, la dinastía de los Austrias se consolidó y España se convirtió en un estado moderno. 

    Alfredo Alvar nos descubre (desde el silencio de los documentos originales de archivo, los más inéditos) la vida y las claves de gobierno de esta mujer fascinante, la que más poder ha tenido en España, la única emperatriz.  

    Para ello, el autor ha manejado con profusión los epistolarios de la reina, de los embajadores imperiales y de aristócratas, entre otros. Igualmente, ha hecho un barrido en la documentación particular y pública (v. gr. contratos matrimoniales, testamentos, codicilos, cuentas de palacio o cédulas reales firmadas por la Gobernadora) de Isabel que se conservan en Simancas, así como se ha trabajado en archivos municipales de Castilla o Andalucía, entre otros. El libro forma parte de los resultados del proyecto de investigación del Plan Nacional de I+D+i “La escritura del recuerdo en primera persona: diarios, memorias y correspondencias de reyes, embajadores y cronistas (siglos XVI-XVII)”, cuyo nro. de ref. es HAR2011-30251.“

    Ha sido publicado en Madrid, por La Esfera de los Libros, con fecha de 11/09/2012 y constando de 480 páginas. ISBN: 978-84-9970-276-6. Formato: 16x24 Cartoné. Precio: 24.90 € 



    martes, 11 de septiembre de 2012

    Isabel

    El hacer de la Historia cotidiana compañera de viaje no nos deja ver ni siquiera una película con tranquilidad, apenas esta recree una época anterior a la nuestra. Y no hay paz en el espectador que se revuelve intranquilo en su butaca cada vez que aparece un mueble, una estancia, una vajilla en una mesa... que desde lejos presentan una cronología siglo y medio como poco anterior o posterior al momento histórico que se quiere recrear.  Además hemos de tapamos los oídos ante textos escritos realmente por analfabetos funcionales. Y no es que seamos mas o menos exigentes y comprendemos que la ficción tiene sus licencias, sino que nos revienta que si existe un conocimiento histórico bastante aceptable de las épocas representadas, porque los equipos cinematográficos se empeñan literalmente en estafar a sus futuros espectadores. 

    Hace unos meses no fuimos capaces de resistir la serie televisiva Toledo. Por ello no escribimos nada en esta bitácora y apenas unos párrafos al correo electrónico de la productora, que por cierto nunca tuvo respuesta. Sin entrar en detalles del guión y las formas de expresión de los castellanos medievales, las recreaciones del exterior de los alcázares y sus estancias parecían extraídos literalmente de las mil y una noches, por no mencionar los ajuares domésticos, el vestuario, etc... que rayaban literalmente, y como hemos mencionado, en la estafa, máxime cuando en un par de décadas hemos acumulado muchísimo conocimiento de la Arqueología de esas épocas.

    Pero Isabel, la serie que estrenó anoche TVE es un oasis que esperamos tenga larga vida o al menos secuelas en otras series de la misma época. Es inevitable acudir a la "compra" en el mercado digital y enterarse que su guionista - Juan Olivares - es historiador del Arte y la verdad eso se nota al menos en lo preciso del texto, actualizado al lenguaje de hoy, pero sin perder el pulso de un castellano (nunca mejor dicho entonces) precioso. Quizás son inevitables giros actuales como "por favor", pero en líneas generales el guión es impecable y "profundo" es decir, sube el listón de lo que estamos acostumbrados a ver y ya está bien de igualarnos todos por abajo y tener que tragarnos productos infames como el que creemos ya extinto Toledo.

    Sin embargo aún hay detalles que pulir, y dicho esto sin ánimo de crítica acerada, sino de la realidad de los equipos de producción, donde seguramente asesoran historiadores, muy capaces en los textos, pero desconocedores en absoluto de la arqueología, tanto de la arquitectura, como de la material, de épocas que poco a poco se nos desvelan en nuestros trabajos diarios. Así la presencia de vajillas de cerámica en una mesa regia, anterior a la época de Felipe II, es bastante chocante, máxima cuando los platos además son una mala imitación de las talaveras del XVII. Y la cuestión del vino, tan presente en las mesas y que habría que precisar que tipo de viñas se cultivaban en la Castilla de la época... ¿ Por qué siempre es tinto el vino de las películas históricas ?

    Isabel es una serie de altura internacional que sienta un antes y un después en la producción cinematográfica española. Si además estas series tuvieran un poco de Arqueología Moderna y Contemporánea, pulirían esos detalles disonantes, porque también hay equipos de este lado de la pantalla que sabríamos vestir una mesa con reproducciones del material que estamos habituados a recuperar en nuestra actividad diaria.

    martes, 28 de agosto de 2012

    La catedral de Burgo de Osma




    Hemos vuelto a Burgo de Osma. Ahora el nombre oficial es mucho mas largo e incluye el artículo que le confiere un cierto toque de localismo, que no siempre es bien apreciado fuera de las estepas castellanas. Hace décadas, cuando residían aquí parte de la familia de uno de nosotros, las fotografías de la calle Mayor parecían tomadas hace siglos. Hoy día tampoco ha cambiado tanto, prácticamente el pavimento y la cartelería hostelera que se ha prodigado en los últimos tiempos. Pero hoy no vamos a extendernos sobre la villa, que por cierto ha sabido conjugar a la perfección desarrollo y conservación/promoción de su patrimonio arquitectónico y monumental, sino de uno de sus lugares más emblemáticos, cual el la Santa Iglesia Concatedral. Y el núcleo central de este texto es un prodigioso libro que hemos tenido ocasión de leer recientemente. 

    Este libro no nos dejó indiferentes, como los escritos con anterioridad sobre la catedral, que aunque encomiables como guías de visita en formatos apropiados hace unas décadas y que aún pueden acompañarnos un distraído paseo entre naves, crucero, girola y claustro. Pero “La catedral Medieval de El Burgo de Osma, construcción, estilo e influencias” agrada en primer lugar por estar prologado por el hijo del autor, catedrático de Historia y por la profesión de D. Pedro de Pablo Aparicio, médico forense natural de la villa y que dedicó parte de su vida a diseccionar la catedral con el bisturí de la cinta métrica y el bloc de notas. Construye así uno de los primeros textos redactados, que no publicado en su momento, sobre Arqueología de la Arquitectura, aunque sin referencias explícitas a la esta disciplina, sino partiendo de la limpia mesa de disección que es la fría piedra del monumento y realizando una minuciosa inspección que se alargó durante años. Así nos describe el ritmo de construcción de la catedral, desde las medidas de sillares, columnas y demás elementos que conforman el esqueleto y los mimbres del edifico que se trenzan en varias épocas, hasta los restos de arquerias y de la sala capitular, posiblemente de un edificio anterior no catedralicio, a las naves, cruceros y capillas construidas según fecha del autor entre el último tercio del siglo XIIe inicios del XIII, rebajando la data del monumento unas tres décadas.

    El autor nos describe la pérdida de la torre medieval durante el siglo XVIII cuando se aborda la construcción de la magnífica girola, sacristía, capilla del Venerable y la rotunda torre, quizás la más bella de fábrica española, si no mencionamos los alminares adaptados a nuevos templos. D. Pedro no llegó a terminar sus textos y por ello se echa de menos planimetrías más precisas y quizás ahondar en algunos aspectos cuales son las transformaciones en capillas o descripción de algunos elementos. La verdad es que el libro es de lectura amena y ahonda en apartados muy interesantes. cual es el establecer una lista de los obispos de Osma, además de intentar entroncar el obispado medieval, con el que seguramente se fundó en la Uxama altomedieval y visigoda. Además no tiene mejor final que el acerado análisis de las similitudes y analogías entre los estilos de Silos y la sala capitular de Osma concluyendo posiblemente en la primacía en el tiempo de nuestra catedral y digo nuestra porque tras varios viajes a Burgo de Osma la catedral ya que es un poco nuestra, en especial por su soberbia fábrica dieciochesca a partir de las trazas de nuestros queridos Villanueva y Sabatini, de los que tuvimos ocasión de excavar las extintas estructuras en el entorno de la Plaza de Oriente de Madrid. 

    Burgo de Osma es la tercera catedral que sometemos al “ojo del viajero” y que hemos visitado con especial atención a su división entre áreas dedicadas al culto y a la visita turística. Aunque esta división no es nueva pues hace cerca de cuarenta años Sevilla ya presentaba una valla nada más entrar por la puerta que se halla junto a la Giralda. Y como dice la canción, “Sevilla tuvo que ser..”. Pero Burgo de Osma por el momento es una de las mejor adecuadas a esta separación. El tercio de las naves laterales, desde la mitad del coro hacia los pies también tienen su valla, que se abre cuando se inicia la visita del claustro, siendo el tránsito de acceso libre pudiendo completar el recorrido completo de la catedral sin abonar entrada alguna. No deben olvidar las autoridades eclesiásticas que muchos de los turistas también somos católicos y que por el momento rezar es gratis, ya que da la impresión que se intenta aislar a los fieles en un reducido espacio, consagrando el resto al otro dios de nuestro tiempo, el dinero. En ello nos remitimos a otro de las entradas de este mismo blog dedicada al mal efecto que nos causó la catedral de Toledo. Pero esto aún no pasa en esta catedral, donde quizás si se eche en falta una tienda mejor organizada y con una mayor abundancia de textos. En esto la tienda de Burgos es paradigmática, completa y muy actualizada.

    El Museo Catedralicio es muy correcto y con algunas piezas notables y procede de la exposición de Las Edades del Hombre, que tuvimos ocasión de visitar en su momento, junto a la concatedral de Soria y a las ermitas recién restauradas de San Esteban de Gormaz y San Baudelio de Berlanga, conjunto indispensable para quien quiera conocer de primera mano la pintura religiosa medieval en estas latitudes. Por otra parte concluimos con algún comentario sobre el interior del templo, limpio y espléndido con los contrastes y las notas de “color” del sepulcro de San Pedro de Osma en la inusual situación a mediana altura en el extremo de uno de los brazos del crucero o la reformada cúpula de la capilla de Santiago tras los desastres del derrumbe de la torre medieval. También es notable el retablo del altar mayor.

    En definitiva una de las catedrales más atrayentes de la Meseta Norte, tanto por sus restos románicos, por su magnífica fábrica gótica y por su soberbia coda en forma de torre, girola, capilla y sacristía barrocas.

    sábado, 11 de agosto de 2012

    De Casa General de la Orden del Carmelo a hospedería cuestionada…


    Hace un par de días, coincidiendo con el punto álgido de las temperaturas de este verano, viajaba de Guadalajara a Puebla de Almenara (Cuenca). Tras ascender y cruzar los páramos de la Alcarria, la aguja del indicador de temperatura de nuestro vehículo de trabajo se puso al rojo, quizás también por el peso de los fragmentos cerámicos recién recuperados en la actuación arqueológica que realizamos. Nada más pasar Pastrana advertimos en un alto el imponente conjunto de un conjunto monástico y un par de indicaciones “Hospedería Real de Pastrana”. La perspectiva del descanso para vehículo y conductor nos hizo tomar la desviación  a la derecha y ascender un par de kilómetros hasta la entrada. Apenas dos coches aparcados y un solo lugar a la sombra, suficiente para aparcar y tomar nuestra cámara fotográfica.

    El amplio compás o espacio que precede  a las iglesias conventuales se había trazado al norte del enorme edificio conventual. La el extremo suroeste de la fachada del templo, sin duda carmelitano por la disposición de huecos y espadaña, se adosaba al noreste del convento en el que había una sola puerta cerrada y un pequeño cartel de una compañía de alarmas. Tras unas cuantas fotografías llegué hasta la iglesia. Me acordé de los cuarenta grados cabales en el germánico termómetro de la furgoneta y la idea del café con hielo me espoleó a acercarme al lateral de la fachada en el que se apreciaba una hornacina con una carta de restaurante y la puerta, al fin ¡!, del mismo. El calor se hizo insoportable en mis sienes al leer el escueto papel tras el cristal de la puerta: Cerrado por reformas…

    Solamente otros dos carteles nos llamaron la atención en la fachada de la iglesia. En uno se anunciaba Museos Franciscanos Teresiano de Ciencias Naturales y en otro una somera y bastante mal redactada reseña del edificio, donde se explicaba como había sido Casa General de la Orden Carmelita y posteriormente convento franciscano, tras el hiatus de la desamortización decimonónica. Terminé el carrete digital - aunque parezca mentira seguimos haciendo unas cuarenta fotografías de los edificios que nos interesan, el antiguo carrete de 36 – y seguí viaje al sur.  Por la noche acudía la oráculo googleiano para saber algo más de la Hospedería Real de Pastrana.  No hizo falta leer completas las reseñas de los sufridos viajeros que si habían encontrado abierto el establecimiento…

    Y en este punto la reflexión  que se deriva de la anécdota del frustado café con hielo. Nos vanagloriamos de nuestro sector turístico y hotelero, de la cantidad y calidad de los establecimientos, de la abundancia y magnificiencia de nuestros monumentos histórico-artísticos… Debe ser que siempre voy al sitio equivocado. No creo que las Órdenes conventuales y los arquitectos del Siglo de Oro promovieran y trazaran algunos de los conjuntos edilicios más importantes de Europa para que quedaran de almoneda de muebles viejos trasmutados en hoteles de mala cocina y peor talante de sus responsables y empleados.

    En los momentos que vivimos es hora también de poner orden en el “todo vale” sobre los edificios que constituyen nuestro Patrimonio Arquitectónico. El reventar los enlucidos y los seculares revocos (Cuartel del Conde Duque de Madrid), solar de hormigón los últimos restos de jardines históricos (Parador del Castillo de Oropesa, Toledo), desventrar tabiques, forjados y bajocubiertas (Colegio de Gramáticos de Cuerva…) por citar solo tres ejemplos de los muchos que podríamos traer a estas líneas, debe meditarse con cautela antes de ejecutarse. Y por supuesto abandonar muchos proyectos de convertir nuestro rico patrimonio edilicio en un cubil de hoteleros y empresarios sin escrúpulos que han vivido al socaire de la subvención y la impunidad ofrecida por entidades financieras y administraciones autonómicas y locales.

    lunes, 6 de agosto de 2012

    Treinta de Trescientos


    Dicho así, un diez por ciento no es mucho, pero cuando son años y además parte de los propios, la mirada atrás casi nos da vértigo. Los trescientos son más, son todos los años que han pasado desde que se fundara la Biblioteca Nacional española, en los corredores de la Casa del Tesoro, al oriente del Alcázar de Madrid.

    El lector habrá entendido que quien esto escribe lleva treinta años visitando regularmente la Biblioteca Nacional. Al principio y aún antes de abandonar el Colegio de Santa María del Pilar, obtuvimos nuestro primer carnet, el de la Biblioteca Circulante, que a la sazón oficiaba como madre de todas las bibliotecas municipales. Mas tarde, cuando iniciamos primero de Geografía e Historia, accedimos primero a la Sala Universitaria, donde además de las futuras colegas que estudiaban con amplio despliegue de papel y bolígrafos, se alineaban los libros manuales de cada una de la carreras que entonces se impartían. Pero el verdadero Santa Sanctorum era la sala de los ficheros que ocupaba toda la planta baja y donde - no exagero- había centenares de archivadores de madera que contenía cada uno centenares de fichas. Y allí se iniciaba la andadura de cualquier estudio, trabajo o investigación de debíamos emprender. Durante tardes enteras del catálogo de temas nos remitíamos al catálogo de autores y al final desembocábamos en el mostrador de peticiones con un mazo de fichas de color rosa cumplimentadas - las mismas que básicamente se siguen usando. Los diligentes funcionarios ponían en nuestras manos - como máximo de tres en tres - los libros que habíamos indagado horas antes. Una vez adjudicado pupitre en el Salón General, nos transportábamos a siglo y medio antes, prácticamente intacto desde la inauguración del edificio que se halla sobre el solar del antiguo convento de los Agustinos Recoletos.

    En este tiempo la revolución digital, de la que aún no tenemos la suficiente perspectiva para valorar como ha supuesto cambios tan notables como fue el Neolítico o el desarrollo de la tracción mecánica aplicada al transporte, ha hecho desaparecer los ficheros y ahora accedemos a los varios millones de documentos que atesora desde el mismo teclado con el que componemos estas páginas. Un salto de tres siglos en tres décadas en una institución que vertebra una parte muy importante de España, de su lengua y su cultura, desde el original de Mio Cid al número de hoy de cualquier periódico diario, que quedará para siempre entre los centenares de kilómetros de anaqueles.

    Podríamos escribir horas y horas sobre los días pasados entre los muros de la docta institución. De la primera cafetería con aquellos botellines de Cruzcampo tan baratos, de cuando se incorporaron los fondos de la Hemeroteca Nacional, de la época en la que se tuvo conciencia de robos de fondos y la Guardia Civil patrullaba en parejas por la Sala General y el cañón de los subfusiles quedaba a la altura de la cabeza de los lectores.. A mediados del mes de junio me llamó la atención el número elevado de pupitres vacantes, con lo cómodos que son ahora. Pensé que quizás había terminado el curso universitario, que los fondos digitales cada día son más abundantes, que quizás ya no hay tantas becas como antes y se nos priva del crisol de razas y nacionalidades que siempre han sido los pasillos de la Casa, incluso antes que el crisol fueran las calles de nuestra ciudad... Pero me preocupa que se lea mucho menos los fondos del XIX, del XX y que solo se atienda a los en muchas ocasiones chabacanos esquemas y refritos que pueblan la Red. Y esto sería el principio del fin de los libros, no del impreso en papel, sino de la misma idea de libros, cuando pensemos que ya todo está escrito. El principio de nuestro fin.